"Lucio y yo", escrita y dirigida por José María Muscari, parte de la historia real entre el director y su hijo adolescente. Con Esteban Pérez interpretando a Muscari y Máximo Meyer dando vida a Lucio, la obra se mete de lleno en el proceso de construir una familia, pero su mayor valor está en cómo lo cuenta: desde las dos voces protagonistas, quien adopta y quien es adoptado.
Esa doble mirada permite acercarse a un universo que suele quedar fuera de la conversación pública: expectativas, miedos, tiempos y desencuentros. Pérez compone a un padre con dudas, temores y también humor; Meyer construye a un Lucio que no llega a esa nueva familia como una página en blanco, sino con una historia propia, una identidad y una manera particular de mirar el mundo. El trabajo entre ambos sostiene la verdad de la historia: no hay solo un padre que adopta a un hijo, hay dos personas que deben encontrarse y reconocerse.
Hay ahí una dimensión particularmente importante: visibilizar la adopción de niños, niñas y adolescentes de mayor edad, todavía atravesada por numerosos prejuicios sociales. La historia de Lucio cuestiona esas miradas y muestra algo esencial: la posibilidad de construir un vínculo familiar no desaparece porque un chico haya crecido. Adoptar a un adolescente implica encontrarse con alguien que ya tiene recuerdos, experiencias y una identidad construida —no se trata de borrar ese recorrido, sino de incorporarlo a una nueva historia compartida. Es un proceso que necesita tiempo, compromiso y escucha mutua.
La obra no presenta la adopción como un instante mágico en el que nace una familia: pone en escena el camino necesario para convertirse en una. Con una narrativa honesta y sin golpes bajos, "Lucio y yo" transforma una experiencia personal en una conversación colectiva pendiente, y recuerda que las familias no responden a una única forma ni empiezan siempre de la manera que alguna vez imaginamos.
"Lucio y yo" está en cartel los viernes y sábados a las 21:00 horas en el Centro Cultural de la Cooperación (Av Corrientes 1543). Las entradas se consiguen en alternativateatral.com
Esa doble mirada permite acercarse a un universo que suele quedar fuera de la conversación pública: expectativas, miedos, tiempos y desencuentros. Pérez compone a un padre con dudas, temores y también humor; Meyer construye a un Lucio que no llega a esa nueva familia como una página en blanco, sino con una historia propia, una identidad y una manera particular de mirar el mundo. El trabajo entre ambos sostiene la verdad de la historia: no hay solo un padre que adopta a un hijo, hay dos personas que deben encontrarse y reconocerse.
Hay ahí una dimensión particularmente importante: visibilizar la adopción de niños, niñas y adolescentes de mayor edad, todavía atravesada por numerosos prejuicios sociales. La historia de Lucio cuestiona esas miradas y muestra algo esencial: la posibilidad de construir un vínculo familiar no desaparece porque un chico haya crecido. Adoptar a un adolescente implica encontrarse con alguien que ya tiene recuerdos, experiencias y una identidad construida —no se trata de borrar ese recorrido, sino de incorporarlo a una nueva historia compartida. Es un proceso que necesita tiempo, compromiso y escucha mutua.
La obra no presenta la adopción como un instante mágico en el que nace una familia: pone en escena el camino necesario para convertirse en una. Con una narrativa honesta y sin golpes bajos, "Lucio y yo" transforma una experiencia personal en una conversación colectiva pendiente, y recuerda que las familias no responden a una única forma ni empiezan siempre de la manera que alguna vez imaginamos.
"Lucio y yo" está en cartel los viernes y sábados a las 21:00 horas en el Centro Cultural de la Cooperación (Av Corrientes 1543). Las entradas se consiguen en alternativateatral.com
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