La organización Igualdad Animal presentó una denuncia pública y formal ante el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) tras realizar una investigación en tres granjas avícolas ubicadas en las localidades de San Andrés de Giles, Rocamora y Las Helenas, dentro de la provincia de Buenos Aires y la región de Entre Ríos. En declaraciones radiales a Radio Buenos Aires AM 1350, Dulce Ramírez, vicepresidenta de la entidad para América Latina, advirtió sobre las severas inconsistencias en la fiscalización de las aves destinadas al consumo. Durante los relevamientos, el equipo identificó irregularidades sistémicas en la producción pecuaria: "nos encontramos con pollos que no podían caminar de ninguna forma normal, animales con lesiones visibles, quemaduras por el contacto permanente con sus desechos y tenían evidentes signos de estrés por calor", especificó Ramírez, remarcando además que "son pollos que crecen de forma acelerada donde su cuerpo es su propia jaula".
Ante la presentación de las pruebas visuales y legales, el organismo regulador emitió un informe de respuesta que calificó la situación de los establecimientos como aceptable. Sin embargo, la referente internacional cuestionó que los controles estatales se limitaron a las infraestructuras de las plantas productivas sin auditar el estado físico de los animales: "evaluaron únicamente las instalaciones de la granja, pero nunca mencionan las condiciones de los animales". A raíz de esta omisión técnica en los reportes del Senasa, la representación legal de la ONG en Argentina anunció que interpondrá un nuevo recurso administrativo para exigir verificaciones biológicas y sanitarias directas sobre el criadero, sumado a la fiscalización de la trazabilidad del producto final en el mercado minorista.
Por último, se alertó sobre las implicancias del confinamiento extremo en la salud del consumidor y la presencia de sustancias nocivas en los cortes comercializados. La especialista explicó que "hay toxinas como el cortisol cuando los animales están estresados o incluso en el caso de los pollos que presentan hematomas, pues evidentemente no es un consumo que pueda ser saludable", e instó a avanzar hacia patrones productivos de mayor empatía y sostenibilidad en el país. "Es urgente que transformemos el sistema alimentario actual a uno más sostenible, más empático y compasivo hacia todos los animales", concluyó. Los interesados en analizar el testimonio completo y acceder a los detalles del informe pueden ver la entrevista en YouTube.
Ante la presentación de las pruebas visuales y legales, el organismo regulador emitió un informe de respuesta que calificó la situación de los establecimientos como aceptable. Sin embargo, la referente internacional cuestionó que los controles estatales se limitaron a las infraestructuras de las plantas productivas sin auditar el estado físico de los animales: "evaluaron únicamente las instalaciones de la granja, pero nunca mencionan las condiciones de los animales". A raíz de esta omisión técnica en los reportes del Senasa, la representación legal de la ONG en Argentina anunció que interpondrá un nuevo recurso administrativo para exigir verificaciones biológicas y sanitarias directas sobre el criadero, sumado a la fiscalización de la trazabilidad del producto final en el mercado minorista.
Por último, se alertó sobre las implicancias del confinamiento extremo en la salud del consumidor y la presencia de sustancias nocivas en los cortes comercializados. La especialista explicó que "hay toxinas como el cortisol cuando los animales están estresados o incluso en el caso de los pollos que presentan hematomas, pues evidentemente no es un consumo que pueda ser saludable", e instó a avanzar hacia patrones productivos de mayor empatía y sostenibilidad en el país. "Es urgente que transformemos el sistema alimentario actual a uno más sostenible, más empático y compasivo hacia todos los animales", concluyó. Los interesados en analizar el testimonio completo y acceder a los detalles del informe pueden ver la entrevista en YouTube.